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Parábola de los labradores malvados

aEntonces comenzó a hablarles en parábolasb: Un hombre PLANTÓ UNA VIÑA Y LA CERCÓ CON UN MURO1, CAVÓ UN ESTANQUE DEBAJO DEL LAGAR Y EDIFICÓ UNA TORREc; la arrendó a labradores y se fue de viaje. Al tiempo de la vendimia envió un siervo a los labradores para recibir de los labradores su parte de los frutos de la viña. Pero ellos, echándole mano, lo golpearon y lo enviaron con las manos vacías. De nuevo les mandó otro siervo, y a él lo hirieron en la cabeza y lo trataron vergonzosamente. Y envió a otro y aeste lo mataron; y así con otros muchos, golpeando a unos y matando a otros. Todavía le quedaba1 uno, un hijo amado; y les envió a este último, diciendo: «Respetarán a mi hijo». Pero aquellos labradores se dijeron entre sí: «Este es el heredero; ¡venid, matémosle, y la heredad será nuestra!». Y echándole mano, lo mataron y lo arrojaron fuera de la viña. ¿Qué hará, entonces, el dueño1 de la viña? Vendrá y destruirá a los labradores, y dará la viña a otros. 10 ¿Ni aun esta Escritura habéis leído:«LA PIEDRA QUE DESECHARON LOS CONSTRUCTORES,ESA, EN PIEDRA ANGULAR1 SE HA CONVERTIDOa;

11 ESTO FUE HECHO DE PARTE DEL SEÑOR,Y ES MARAVILLOSO A NUESTROS OJOSa»?

12 Y procuraban prenderlea, pero temían a la multitud, porque comprendieron que contra ellos había dicho la parábola. Y dejándole, se fueronb.

El pago del impuesto al César

13 aY le enviaron* algunos de los fariseos y de los herodianosb para sorprenderle en alguna palabrac. 14 Y cuando ellos llegaron*, le dijeron*: Maestro, sabemos que eres veraz y que no buscas el favor1 de nadie, porque eres imparcial2, y enseñas el camino de Dios con verdad. ¿Es lícito pagar3 impuesto al César, o no? 15 ¿Pagaremos1 o no pagaremos2? Pero Él, dándose cuenta de su hipocresía, les dijo: ¿Por qué me estáis poniendo a prueba? Traedme un denario3 para verlo. 16 Se lo trajeron, y Él les dijo*: ¿De quién es esta imagen y la inscripción? Y ellos le dijeron: Del César. 17 Entonces Jesús les dijo: Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Diosa. Y se maravillaban de Él.

Pregunta sobre la resurrección

18 aY algunos saduceos (los que dicen que no hay resurrección) se le acercaron*, y le preguntaban, diciendo: 19 Maestro, Moisés nos dejó escrito: SI EL HERMANO DE ALGUNO MUERE y deja mujer Y NO DEJA HIJO, que SU HERMANO TOME LA MUJER Y LEVANTE DESCENDENCIA A SU HERMANOa. 20 Hubo siete hermanos; y el primero tomó esposa, y murió sin dejar descendencia. 21 Y el segundo la tomó, y murió sin dejar descendencia; y asimismo el tercero; 22 y así los siete, sin dejar descendencia. Y por último murió también la mujer. 23 En la resurrección, cuando resuciten1, ¿de cuál de ellos será mujer? Pues los siete la tuvieron por mujer. 24 Jesús les dijo: ¿No esesta la razón por la que estáis equivocados: que no entendéis1 las Escrituras ni el poder de Dios? 25 Porque cuando resuciten de entre los muertos, ni se casarán ni serán dados en matrimonio, sino que serán como los ángeles en los cielos. 26 Y en cuanto a que los muertos resucitan, ¿no habéis leído en el libro de Moisés, en el pasajea sobre la zarza ardiendo, cómo Dios le habló, diciendo: «YO SOY EL DIOS DE ABRAHAM, Y EL DIOS DE ISAAC, Y EL DIOS DE JACOBb»? 27 Él no es Dios de muertos, sino de vivosa; vosotros estáis muy equivocados.

El mandamiento supremo

28 aCuando uno de los escribas se acercó, los oyó discutir, y reconociendo que les había contestado bienb, le preguntó: ¿Cuál mandamiento es el más importante1 de todos? 29 Jesús respondió: El más importante1 es: «ESCUCHA, ISRAEL; EL SEÑOR NUESTRO DIOS, EL SEÑOR UNO ESa; 30 Y AMARÁS AL SEÑOR TU DIOS CON TODO TU CORAZÓN, Y CON TODA TU ALMA, Y CON TODA TU MENTE, Y CON TODA TU FUERZAa». 31 El segundo eseste: «AMARÁS A TU PRÓJIMO COMO A TI MISMOa». No hay otro mandamiento mayor queestos. 32 Y el escriba le dijo: Muy bien, Maestro; con verdad has dicho que ÉL ES UNO, Y NO HAY OTRO ADEMÁS DE ÉLa; 33 Y QUE AMARLE CON TODO EL CORAZÓN Y CON TODO EL ENTENDIMIENTO Y CON TODAS LAS FUERZAS, Y AMAR AL PRÓJIMO COMO A UNO MISMOa, es más que todos los holocaustos y los sacrificiosb. 34 Viendo Jesús que él había respondido sabiamente, le dijo: No estás lejos del reino de Dios. Y después de eso, nadie se aventuraba a hacerle más preguntasa.

Jesús, Hijo y Señor de David

35 aY tomando la palabra, Jesús decía mientras enseñaba en el templob: ¿Por qué1 dicen los escribas que el Cristo2 es hijo de Davidc? 36 David mismo dijo por el Espíritu Santo:«EL SEÑOR DIJO A MI SEÑOR:SIÉNTATE A MI DIESTRA,HASTA QUE PONGA A TUS ENEMIGOS DEBAJO DE TUS PIESa». 37 David mismo le llama «Señor». ¿En qué sentido es, pues, su hijo? Y la gran multituda le escuchaba con gusto.

Advertencia contra los escribas

38 aY en su enseñanza les decía: Cuidaos de los escribas, a quienes les gusta andar con vestiduras largas, y aman los saludos respetuosos en las plazasb, 39 los primeros asientos en las sinagogas y los lugares de honor en los banquetes; 40 que devoran las casas de las viudas, y por las apariencias hacen largas oraciones;estos recibirán mayor condenacióna.

La ofrenda de la viuda

41 aJesús se sentó frente al arca del tesorob, y observaba cómo la multitud echaba dinero1 en el arca del tesoroc; y muchos ricos echaban grandes cantidades. 42 Y llegó una viuda pobre y echó dos pequeñas monedas de cobre1, o sea, un cuadrante2. 43 Y llamando a sus discípulos, les dijo: En verdad os digo, que esta viuda pobre echó más que todos los contribuyentes al1 tesoro; 44 porque todos ellos echaron de lo que les sobra1, pero ella, de su pobreza echó todo lo que poseía, todo lo que tenía para vivir2a.