← Home
+ Parallel
Jesús envía a los setenta

Después de esto, el Señora designó a otros setenta1, y los envió de dos en dosb delante de Élc, a toda ciudad y lugar adonde Él había de ir. Y les decía: La mies es mucha, pero los obreros pocos; rogad, por tanto, al Señor de la mies que envíe obreros a su miesa. Id; mirad que os envío como corderos en medio de lobosa. aNo llevéis bolsa, ni alforja1, ni sandalias; y a nadie saludéis por el camino. En cualquier casa que entréis, decid primero: «Paz a esta casa». Y si hay allí un hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; pero si no, se volverá a vosotros. Permaneced entonces en esa casa1, comiendo y bebiendo lo que os den2; porque el obrero es digno de su salarioa. No os paséis de casa en casa. En cualquier ciudad donde entréis y os reciban, comed lo que os sirvana; sanad a los enfermos que haya en ella, y decidles: «Se ha acercado a vosotros el reino de Diosa». 10 Pero en cualquier ciudad donde entréis, y no os reciban, salid a sus calles, y decid: 11 «Hasta el polvo de vuestra ciudad que se pega a nuestros pies, nos lo sacudimos en protesta contra vosotrosa; empero sabed esto: que el reino de Dios se ha acercadob». 12 Os digo que en aquel día será más tolerable el castigo para Sodoma que para aquella ciudada. 13 a¡Ay de ti Corazín! ¡Ay de ti Betsaida! Porque si los milagros1 que se hicieron en vosotras hubieran sido hechos en Tiro y Sidón, hace tiempo que se hubieran arrepentido sentados en cilicio y cenizab. 14 Por eso, en el juicio será más tolerable el castigo para Tiro y Sidóna que para vosotras. 15 Y tú, Capernaúma, ¿acaso serás elevada hasta los cielos? ¡Hasta el Hades1 serás hundidab! 16 El que a vosotros escucha, a me escuchaa, y el que a vosotros rechaza, a me rechaza; y el que a me rechaza, rechaza al que me enviób.

Regreso de los setenta

17 Los setenta1 regresaron con gozo, diciendo: Señor, hasta los demonios se nos sujetan en tu nombrea. 18 Y Él les dijo: Yo veía a Satanása caer del cielo como un rayo. 19 Mirad, os he dado autoridad para hollar sobre serpientesa y escorpiones, y sobre todo el poder del enemigo, y nada os hará daño. 20 Sin embargo, no os regocijéis en esto, de que los espíritus se os sometan, sino regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielosa.

Jesús se regocija

21 aEn aquella misma hora Él se regocijó mucho en el Espíritu Santo, y dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a sabios y a inteligentes, y las revelaste a niños. Sí, Padre, porque así fue de tu agrado. 22 Todas las cosas me han sido entregadasa por mi Padre, y nadie sabe quién es el Hijo sino el Padre, ni quién es el Padre sino el Hijob, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. 23 aY volviéndose hacia los discípulos, les dijo aparte: Dichosos los ojos que ven lo que vosotros veis; 24 porque os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que vosotros veis, y no lo vieron, y oír lo que vosotros oís, y no lo oyeron.

Pregunta sobre la vida eterna

25 aY he aquí, cierto intérprete de la ley1 se levantó, y para ponerle2 a pruebab dijo: Maestro, ¿qué haré para heredar la vida eterna? 26 Y Él le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Qué1 lees en ella? 27 Respondiendo él, dijo: AMARÁS AL SEÑOR TU DIOS CON TODO TU CORAZÓN, Y CON TODA TU ALMA, Y CON TODA TU FUERZA, Y CON TODA TU MENTE; Y A TU PRÓJIMO COMO A TI MISMOa. 28 Entonces Jesús le dijo: Has respondido correctamente; HAZ ESTO Y VIVIRÁSa. 29 Pero queriendo él justificarse a sí mismoa, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo?

Parábola del buen samaritano

30 Respondiendo Jesús, dijo: Cierto hombre bajaba de Jerusaléna a Jericó, y cayó en manos de salteadores, los cuales después de despojarlo y de darle golpes, se fueron, dejándolo medio muerto. 31 Por casualidad cierto sacerdote bajaba por aquel camino, y cuando lo vio, pasó por el otro lado del camino. 32 Del mismo modo, también un levita, cuando llegó al lugar y lo vio, pasó por el otro lado del camino. 33 Pero cierto samaritanoa, que iba de viaje, llegó adonde él estaba; y cuando lo vio, tuvo compasión, 34 y acercándose, le vendó sus heridas, derramando aceite y vino sobre ellas; y poniéndolo sobre su propia cabalgadura, lo llevó a un mesón y lo cuidó. 35 Al día siguiente, sacando dos denarios1, se los dio al mesonero, y dijo: «Cuídalo, y todo lo demás que gastes, cuando yo regrese te lo pagaré». 36 ¿Cuál de estos tres piensas que demostró ser prójimo del que cayó en manos de los salteadores? 37 Y él dijo: El que tuvo misericordia de él. Y Jesús le dijo: Ve y haz lo mismo.

Jesús visita a Marta y a María

38 Mientras iban ellos de camino, Él entró en cierta aldea; y una mujer llamada Martaa le recibió en su casa. 39 Y ella tenía una hermana que se llamaba Maríaa, que1 sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabrab. 40 Pero Martaa se preocupaba con todos los preparativos1; y acercándose a Él, le dijo: Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude. 41 Respondiendo el Señor, le dijo: Marta, Martaa, estás preocupada y molesta por tantas cosasb; 42 pero una sola cosa es necesaria1a, y2 Maríab ha escogido la parte buena, la cual no le será quitada.

Ask