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Actitud hacia las autoridades

Sométase toda persona1a a las autoridades que gobiernanb; porque no hay autoridadc sino de2 Dios, y las que existen, por Dios son constituidas. Por consiguiente, el que resiste a la autoridad, a lo ordenado por Dios se ha opuesto; y los que se han opuesto, sobre sí recibirán condenación. Porque los gobernantes no son motivo de temor para los de buena conducta1, sino para el que hace el mal2. ¿Deseas, pues, no temer a la autoridad? Haz lo bueno y tendrás elogios de ellaa, pues es para ti un ministro1 de Dios para bien. Pero si haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada, pues ministro es de Dios, un vengadora que castiga2 al que practica lo malo. Por tanto, es necesario someterse, nosolo por razón del castigo1, sino también por causa de la concienciaa. Pues por esto también pagáis impuestos, porque los gobernantes son servidores de Dios, dedicados precisamente a esto. Pagad a todos lo que debáisa: al que impuestob, impuesto; al que tributoc, tributo; al que temor, temor; al que honor, honor.

El amor, cumplimiento de la ley

No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama a su prójimo1, ha cumplido la leya. Porque esto: NO COMETERÁS ADULTERIO, NO MATARÁS, NO HURTARÁS, NO CODICIARÁSa, y cualquier1 otro mandamiento, en estas palabras se resume: AMARÁS A TU PRÓJIMO COMO A TI MISMOb. 10 El amor no hace mal1 al prójimo; por tanto, el amor es el cumplimiento de la leya.

Se acerca el amanecer

11 Y haced todo esto, conociendo el tiempo, que ya es horaa de despertaros del sueñob; porque ahora la salvación está más cerca de nosotros1 que cuando creímos. 12 La noche está muy avanzadaa, y el día está cercab. Por tanto, desechemos1 las obras de las tinieblasc y vistámonos con las armas de la luzd. 13 Andemos decentementea, como de día, no en orgías y borracheras, no en promiscuidad sexual y lujurias, no en pleitos y envidiasb; 14 antes bien, vestíos del Señor Jesucristoa, y no penséis en proveer para las lujurias de la carneb.