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Jesús en Judea

aLevantándose de allí, Jesús se fue* a la región de Judea y al otro lado del Jordán; y se reunieron* de nuevo las multitudes junto a Él, y una vez más, como acostumbraba, les enseñabab.

Enseñanza de Jesús sobre el divorcio

Y se le acercaron algunos fariseos, y para ponerle1 a prueba, le preguntaban si era lícito a un hombre divorciarse de2 su mujer. Y respondiendo Él, les dijo: ¿Qué os mandó Moisés? Y ellos dijeron: Moisés permitió al hombre escribir CARTA DE DIVORCIO Y REPUDIARlaa. Pero Jesús les dijo: Por la dureza de vuestro corazón os escribió este mandamientoa. Pero desde el principio de la creacióna, Dios LOS HIZO VARÓN Y HEMBRAb. POR ESTA RAZÓN EL HOMBRE DEJARÁ A SU PADRE Y A SU MADRE1a, Y LOS DOS SERÁN UNA SOLA CARNEa; por consiguiente, ya no son dos, sino una sola carne. Por tanto, lo que Dios ha unido, ningún hombre lo separe. 10 Y ya en la casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre esto. 11 Y Él les dijo*: Cualquiera que se divorcie de1 su mujer y se case con otra, comete adulterio contra ellaa; 12 y si ella se divorcia de1 su maridoa y se casa con otro, comete adulterio.

Jesús bendice a los niños

13 aY le traían niños para que los tocara; y los discípulos los reprendieron. 14 Pero cuando Jesús vio esto, se indignó y les dijo: Dejad que los niños vengan a mí; no se lo impidáis, porque de los que son comoestos1 es el reino de Diosa. 15 En verdad os digo: el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en éla. 16 Y tomándolos en sus brazosa, los bendecía, poniendo las manos sobre ellos.

El joven rico

17 aCuando salía para seguir su camino, vino uno corriendo, y arrodillándose delante de Élb, le preguntó1: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eternac? 18 Y Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno, sinosolo uno, Dios. 19  sabes los mandamientos: «NO MATES, NO COMETAS ADULTERIO, NO HURTES, NO DES FALSO TESTIMONIO, no defraudes, HONRA A TU PADRE Y A TU MADREa». 20 Y él le dijo: Maestro, todo esto lo he guardadoa desde mi juventud. 21 Jesús, mirándolo, lo amó y le dijo: Una cosa te falta: ve y vende cuanto tienes y da a los pobres, y tendrás tesoro en el cieloa; y ven, sígueme. 22 Pero él, afligido por estas palabras, se fue triste, porque era dueño de muchos bienes.

Peligro de las riquezas

23 Jesús, mirando en derredor, dijo* a sus discípulos: ¡Qué difícil será para los que tienen riquezas entrar en el reino de Diosa! 24 Y los discípulos se asombrarona de sus palabras. Pero Jesús respondiendo de nuevo, les dijo*: Hijos, ¡qué difícil es entrar en el reino de Dios1! 25 Es más fácil que un camello pase por el ojo de una1 aguja, que el que un rico entre en el reino de Diosa. 26 Ellos se asombraron aún más, diciendo entre sí1: ¿Y quién podrá salvarse? 27 Mirándolos Jesús, dijo*: Para los hombres es imposible, pero no para Dios, porque todas las cosas son posibles para Diosa. 28 Entonces Pedro comenzó a decirle: He aquí, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguidoa. 29 Jesús dijo: En verdad os digo: No hay nadie que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o madre, o padre, o hijos o tierras por causa de y por causa del evangelioa, 30 que no reciba cien veces más ahora en este tiempo: casas, y hermanos, y hermanas, y madres, e hijos, y tierras junto con persecuciones; y en el siglo venideroa, la vida eterna. 31 Pero muchos primeros serán últimos, y los últimos, primerosa.

Jesús anuncia su muerte por tercera vez

32 aE iban por el camino subiendo a Jerusalén, y Jesús iba delante de ellos; y estaban perplejosb, y los que le seguían tenían miedo. Y tomando aparte de nuevo a los doce, comenzó a decirles lo que le iba a suceder: 33 He aquí, subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombrea será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas, y le condenarán a muerte y le entregarán a los gentiles. 34 Y se burlarán de Él y le escupirána, le azotarán y le matarán, y tres días después resucitará.

Petición de Jacobo y Juan

35 aY se le acercaron* Jacobo1 y Juan, los dos hijos de Zebedeo, diciéndole: Maestro, queremos que hagas por nosotros lo que te pidamos. 36 Y Él les dijo: ¿Qué queréis que haga por vosotros? 37 Ellos le dijeron: Concédenos1 que en tu gloriaa nos sentemos uno a tu derecha y el otro a tu izquierda. 38 Pero Jesús les dijo: No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo beboa, o ser bautizados con el bautismo con que soy bautizadob? 39 Y ellos le dijeron: Podemos. Y Jesús les dijo: La copa que yo bebo, beberéis; y seréis bautizados con el bautismo con que yo soy bautizadoa, 40 pero el que os sentéis a mi derecha o a mi izquierda, no es mío el concederlo1, sino que es para quienes ha sido preparadoa. 41 Al oír esto, los diez comenzaron a indignarse contra Jacobo1 y Juan. 42 aY llamándolos junto a sí, Jesús les dijo*: Sabéis que los que son reconocidos como gobernantes de los gentiles se enseñorean de ellos, y que sus grandes ejercen autoridad sobre ellos. 43 Pero entre vosotros no es así, sino que cualquiera de vosotros que desee llegar a ser grande será vuestro servidora, 44 y cualquiera de vosotros que desee ser el primero será siervo de todos. 45 Porque ni aun el Hijo del Hombre vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida1 en rescate por muchosa.

El ciego Bartimeo es sanado

46 aEntonces llegaron* a Jericó. Y cuando salía de Jericó con sus discípulos y una gran multitud, un mendigo ciego llamado Bartimeo, el hijo de Timeo, estaba sentado junto al caminob. 47 Y cuando oyó que era Jesús el Nazarenoa, comenzó a gritar y a decir: ¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de míb! 48 Y muchos lo reprendían para que se callara, pero él gritaba mucho más: ¡Hijo de David, ten misericordia de mía! 49 Y Jesús se detuvo y dijo: Llamadle. Y llamaron* al ciego, diciéndole: ¡Anímatea! Levántate, que te llama. 50 Y arrojando su manto, se levantó de un salto y fue a Jesús. 51 Y dirigiéndose a él1, Jesús le dijo: ¿Qué deseas que haga por ti? Y el ciego le respondió: Raboní2a, que recobre la vista. 52 Y Jesús le dijo: Vete, tu fe te ha sanado1a. Y al instante recobró la vista, y le seguía por el camino.