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El día del juicio

He aquí, yo envío a mi mensajero1, y él preparará2 el camino delante de mía. Y vendrá de repente a su templo el Señor a quien vosotros buscáisb; y el mensajero3c del pacto en quien vosotros os complacéisd, he aquí, viene—dice el SEÑOR de los ejércitos. ¿Pero quién podrá soportar el día de su venida? ¿Y quién podrá mantenerse en pie cuando Él aparezcaa? Porque Él es como fuegob de fundidor y como jabón de lavanderos. Y Él se sentará como fundidor y purificador de plata, y purificaráa a los hijos de Leví y los acrisolará como a oro y como a plata, y serán los que presenten ofrendas1 en justicia al SEÑORb. Entonces será grata al SEÑOR la ofrenda1 de Judá y de Jerusaléna, como en los días de antaño y como en los años pasadosb. Y me acercaré a vosotros para el juicio, y seré un testigo veloz contra los hechicerosa, contra los adúlterosb, contra los que juran en falsoc y contra los que oprimen al jornalero en su salariod, a la viuda y al huérfanoe, contra los que niegan el derecho del extranjero1 y los que no me temen2—dice el SEÑOR de los ejércitos. Porque yo, el1 SEÑOR, no cambio; por eso vosotros, oh hijos de Jacob, no habéis sido consumidos2a.

El pago de los diezmos

Desde los días de vuestros padres os habéis apartado de mis estatutos y no los habéis guardadoa. Volved a mí y yo volveré a vosotros—dice el SEÑOR de los ejércitosb. Pero decís: «¿Cómo hemos de volver?». ¿Robará1 el hombre a Dios? Pues vosotros me estáis robando. Pero decís: «¿En qué te hemos robado?». En los diezmos y en las ofrendas2a. Con maldición estáis malditosa, porque vosotros, la nación entera, me estáis robando1. 10 Traed todo el diezmoa al alfolí1, para que haya alimento2 en mi casa; y ponedme ahora a prueba en esto—dice el SEÑOR de los ejércitos—si no os abriré las ventanas del cielob, y derramaré para vosotros bendiciónc hasta que sobreabunde3d. 11 Por vosotros reprenderé al devorador, para que no os destruya los frutos del sueloa; ni vuestra vid en el campo será estéril—dice el SEÑOR de los ejércitos. 12 Y todas las naciones os llamarán bienaventuradosa, porque seréis una tierra de deliciasb—dice el SEÑOR de los ejércitos.

El justo y el injusto

13 Vuestras palabras han sido duras contra mí—dice el SEÑOR—. Pero decís: «¿Qué hemos hablado contra ti?». 14 Habéis dicho: «En vano es servir a Diosa. ¿Qué provecho hay en que guardemos sus ordenanzas y en que andemos de duelo delante del SEÑORb de los ejércitos? 15 Por eso ahora llamamos bienaventurados a los soberbiosa. Nosolo prosperan los que hacen el malb, sino que también ponen a prueba a Dios y escapan impunes».

16 Entonces los que temían1 al SEÑOR se hablaron unos a otros, y el SEÑOR prestó atencióna y escuchó, y fue escrito delante de Él un librob memorial para los que temen2 al SEÑOR y para los que estiman3 su nombre. 17 Y ellos serán míos—dice el SEÑORa de los ejércitos—el día en que yo prepare1b mi tesoro especial2c, y los perdonaré3 como un hombre perdona al4 hijod que le sirve. 18 Entonces volveréis a distinguir entre el justo y el impíoa, entre el que sirve a Dios y el que no le sirve.

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