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Ezequías y el profeta Isaías

aY sucedió que cuando oyó esto el rey Ezequías, rasgó sus vestidosb, se cubrió de cilicioc y entró en la casa del SEÑOR. Envió entonces a Eliaquim, mayordomo de la casa real, con el escriba Sebna y los ancianos de los sacerdotes, cubiertos de cilicioa, al profeta Isaías, hijo de Amozb. Y ellos le dijeron: Así dice Ezequías: «Este día es día de angustia, de reprensión y de desprecio, pues hijos están para nacer1, pero no hay fuerzas para dar a luz. Tal vez el SEÑOR tu Dios oirá todas las palabras del Rabsacesa, a quien su señor, el rey de Asiria, ha enviado para injuriar al Dios vivo, y lo reprenderá por las palabras que el SEÑOR tu Dios ha oídob. Eleva, pues, una oración por el remanente que aún quedac». Cuando llegaron los siervos del rey Ezequías ante Isaías, este1 les dijo: Así diréis a vuestro señor: «Así dice el SEÑOR: “No temas por las palabras que has oído, con las que los criados del rey de Asiriaa me han blasfemadob. He aquí, pondré en él un espíritu, oirá un rumora y se volverá a su tierra; y en su tierra lo haré caer a espadab”».

Entonces el Rabsaces volvió y halló al rey de Asiria peleando contra Libnaa, pues había oído que el rey había partido de Laquisb. Y les oyó1 decir acerca de Tirhaca, rey de Etiopía2: He aquí, ha salido a pelear contra ti. Entonces envió de nuevo mensajeros a Ezequías, diciendo: 10 Así diréis a Ezequías, rey de Judá1: «No te engañe tu Dios en quien tú confíasa, diciendo: “Jerusalén no será entregada en mano del rey de Asiriab”. 11 He aquí, tú has oído lo que los reyes de Asiria han hecho a todas las naciones1, destruyéndolas por completo, ¿y serás tú librado? 12 ¿Acaso los libraron los dioses de las naciones que mis padres destruyerona, es decir, Gozánb, Haránc, Resef y a los hijos de Edén que estaban en Telasard? 13 ¿Dónde está el rey de Hamat, el rey de Arfad, el rey de la ciudad de Sefarvaim, de Hena y de Ivaa?».

14 Entonces Ezequías tomó la carta de mano de los mensajeros y la leyó1, y subió a la casa del SEÑOR y2 la extendió delante del SEÑORa. 15 Y oró Ezequías delante del SEÑOR, y dijo: Oh SEÑOR, Dios de Israel, que estás1 sobre los querubinesa,solo tú eres Dios de todos los reinos de la tierrab. Tú hiciste los cielos y la tierra. 16 Inclina, oh SEÑOR, tu oído y escucha; abre, oh SEÑOR, tus ojos y miraa; escucha las palabras que Senaquerib ha enviado para injuriar al Dios vivob. 17 En verdad, oh SEÑOR, los reyes de Asiria han asolado las naciones y sus tierras, 18 y han echado sus dioses al fuego, porque no eran dioses, sino obra de manos de hombre, de madera y piedraa; por eso los han destruido. 19 Y ahora, oh SEÑOR, Dios nuestro, líbranos, te ruego, de su mano para que todos los reinos de la tierra sepan quesolo túa, oh SEÑOR, eres Diosb.

20 Entonces Isaías, hijo de Amoz, envió a decir a Ezequías: Así dice el SEÑOR, Dios de Israel: «Lo que me has rogado acerca de Senaquerib, rey de Asiria, he escuchadoa». 21 Esta es la palabra que el SEÑOR ha hablado contra él:«Te ha despreciado y se ha burlado de tila virgen hija de Sióna;ha movido la cabezab a tus espaldasla hija de Jerusalén.

22 »¿A quién has injuriado y blasfemadoa?¿Y contra quién has alzado la vozy levantado con altivez1 tus ojos?¡Contra el Santo de Israelb!23 »Por mano de tus mensajeros has injuriado al Señor,y has dicho: “Con mis numerosos carrossubí a las cumbres de los montesa,a las partes más remotas del Líbano;corté sus altos cedros y sus mejores cipreses,y entré1 en su morada más lejana, en su más frondoso bosqueb.24 ”Yo cavé pozosa y bebí aguas extranjeras,y sequé1 con la planta de mi pietodos los ríos de Egipto2”.
25 »¿No has oído?Hace mucho tiempo que lo hice,desde la antigüedad lo había planeadoa.Ahora lo he realizadob,para que conviertas las ciudades fortificadasen montones de ruinas.26 »Sus habitantes, faltos de fuerzas1,fueron desalentados y humillados;vinieron a ser como la vegetación del campoy como la hierba verde,como la hierba en los techos que se quemaantes de que haya crecidoa.27 »Pero conozco tu sentarte,tu salir y tu entrar,y tu furor contra mía.28 »Porque te has airado contra mí,y porque tu arrogancia1 ha subido hasta mis oídos,pondré, pues, mi garfio en tu narizay mi freno en tus labios,y te haré volver por el camino por donde vinisteb.

29 »Esto te será por señala: Este año comeréis1 lo que crezca espontáneamente; el segundo año lo que nazca de por sí, y en el tercer año sembrad, segad, plantad viñas y comed su fruto. 30 Y el remanente de la casa de Judáa que se salve, echará de nuevo raíces por debajo y dará fruto por arriba. 31 Porque de Jerusalén saldrá un remanente, y del monte Sión sobrevivientes1a. El celo del SEÑOR de los ejércitos2 hará estob. 32 Por tanto, así dice el SEÑOR acerca del rey de Asiria: “El no entrará en esta ciudad, ni lanzará allí flecha alguna; tampoco vendrá delante de ella con escudo, ni levantará terraplén contra ellaa. 33 Por el camino que vino, por él se volveráa, y no entrará en esta ciudad”—declara el SEÑOR. 34 Porque defenderé esta ciudad para salvarla por amor a mí mismoa y por amor a mi siervo Davidb».

Muerte de Senaquerib

35 Y aconteció que aquella misma noche salió el ángel del SEÑOR e hirió a ciento ochenta y cinco mil en el campamento de los asirios; cuando los demás se levantaron por la mañana, he aquí, todos eran cadáveresa. 36 Senaquerib, rey de Asiria, partió y regresó a su tierraa, y habitó en Níniveb. 37 Y sucedió que mientras él adoraba en la casa de su dios Nisroc, Adramelec y Sarezer1 lo mataron a espadaa y huyeron a la tierra de Araratb. Y su hijoc Esar-hadón reinó en su lugar.