Joab, hijo de Sarvia, comprendió que el corazón del rey se inclinaba hacia Absalóna.2 Sam. 13:39 2 Y Joab envió a Tecoaa a traer1 a una mujer sabia de allí, y le dijo: Te ruego que finjas estar de duelo, te pongas ahora ropas de luto y no te unjas con óleo, sino pórtate como una mujer que por muchos días ha estado de duelo por un muertob;Lit., y tomó2 Sam. 23:26; 2 Crón. 11:6; Amós 1:12 Sam. 12:20 3 después ve al rey y háblale de esta manera. Y Joab puso las palabras en su bocaa.2 Sam. 14:19
4 Cuando la mujer de Tecoa habló1 al rey, cayó sobre su rostro en tierra, y postrándosea, dijo: ¡Socorro, oh reyb!Muchos mss. y versiones antiguas dicen: vino1 Sam. 25:232 Rey. 6:26-28 5 Y el rey le dijo: ¿Qué te sucede? Y ella respondió: Ciertamente soy viuda, pues mi marido ha muerto. 6 Tu sierva tenía dos hijos; lucharon entre sí en el campo, y no habiendo quien los apartara1, uno hirió al otro y lo mató.Lit., libertador entre ellos 7 Y he aquí que toda la familia se ha levantado contra tu sierva, y dicen: «Entrega al que hirió a su hermano, para que le demos muerte por la vida de su hermano a quien matóa, y destruyamos al heredero tambiénb». Así extinguirán el ascua que me queda, no dejando1 a mi marido nombre ni remanente sobre la faz de la tierra.Lit., no poniendoNúm. 35:19; Deut. 19:12, 13Mat. 21:38
8 Respondió el rey a la mujer: Ve a tu casa, y daré órdenes respecto a ti. 9 Y la mujer de Tecoa dijo al rey: Oh rey mi señora, la iniquidad sea sobre mí y sobre la casa de mi padre, pero el rey y su trono sean sin culpab.Gén. 43:9; 1 Sam. 25:241 Rey. 2:33 10 Entonces el rey dijo: Cualquiera que te hable, tráemelo, y no te molestará más. 11 Y ella dijo: Te ruego, oh rey, que te acuerdes del SEÑOR tu Dios, para que el vengador de sangre no aumente el dañoa, no sea que destruya a mi hijo. Y él dijo: Vive el SEÑOR, ni un pelo de tu hijo caerá a tierrab.Núm. 35:19, 21; Deut. 19:4-101 Sam. 14:45; 1 Rey. 1:52; Mat. 10:30
12 Dijo entonces la mujer: Permite que tu sierva diga una palabra a mi señor el rey. Y él dijo: Habla. 13 Y la mujer dijo: ¿Por qué, pues, has pensado tal cosa contra el pueblo de Diosa? Porque al decir esta palabra, el rey se hace como uno que es culpable, ya que el rey no hace volver a su desterradob.2 Sam. 12:7; 1 Rey. 20:40-422 Sam. 13:37, 38 14 Pues ciertamente moriremosa; somos como el agua derramadab en tierra que no se vuelve a recoger. Pero Dios no quita la vida, sino designa medios para que el desterrado no sea alejado de élc.Job 30:23; 34:15; Heb. 9:27Sal. 58:7Núm. 35:15, 25, 28 15 Ahora, la razón por la cual1 he venido a decir esta palabra a mi señor el rey, es porque el pueblo me ha atemorizado; por eso tu sierva se dijo: «Hablaré ahora al rey, tal vez el rey cumpla la petición2 de su sierva.Lit., Y ahora queLit., palabra 16 Pues el rey oirá y librará1 a su sierva de mano2 del hombre que destruiría a ambos3, a mí y a mi hijo, de la heredad de Diosa».Lit., para librarLit., palmaLit., juntosDeut. 32:9; 1 Sam. 26:19 17 Se dijo además tu sierva: «Sea consuelo1 la palabra de mi señor el rey, pues como el ángel de Dios, así es mi señor el rey para discernir el biena y el mal. ¡Que el SEÑOR tu Dios sea contigo!».Lit., para descanso1 Sam. 29:9; 2 Sam. 14:20; 19:27
18 Respondió el rey y dijo a la mujer: Te ruego que no me ocultes nada de lo que voy a preguntarte. Y la mujer dijo: Hable mi señor el rey. 19 Y el rey dijo: ¿Está contigo la mano de Joab en todo esto? Y la mujer respondió y dijo: Vive tu alma, mi señor el rey, nadie puede desviarse ni a la derecha ni a la izquierda de todo lo que mi señor el rey ha hablado. En verdad fue tu siervo Joab quien me mandó, y fue él quien puso todas estas palabras en boca de tu siervaa;2 Sam. 14:3 20 tu siervo Joab ha hecho esto con el fin de cambiar el aspecto de las cosas. Pero mi señor es sabio, como con la sabiduría del ángel de Diosa, para saber todo lo que hay en la tierra.2 Sam. 14:17; 19:27
21 Entonces el rey dijo a Joab: He aquí, ciertamente ahora haré esto; ve y trae al joven Absalóna.2 Sam. 14:11 22 Joab cayó rostro en tierra, y postrándose, bendijo al rey; entonces Joab dijo: Oh rey mi señor, hoy tu siervo sabe que he hallado gracia ante tus ojos, puesto que el rey ha concedido la petición1 de su siervo.Lit., palabra 23 Joab se levantó, fue a Gesur y trajo a Absalóna a Jerusalén.Deut. 3:14; 2 Sam. 13:37, 38 24 Pero el rey dijo: Que vuelva a su casa y no vea mi rostro. Y Absalóna volvió a su casa, y no vio el rostro del rey.2 Sam. 13:20
25 En todo Israel no había nadie tan bien parecido ni tan celebrado como Absalón; desde la planta de su pie hasta su coronilla no había defecto en éla.Deut. 28:35; Job 2:7; Isa. 1:6 26 Cuando se cortaba el cabelloa (y era al final de cada año que se lo cortaba, pues le pesaba mucho y por eso se lo cortaba), el cabello pesaba doscientos siclos1 según el peso real.Un siclo equivale aprox. a 11.4 gramosEzeq. 44:20 27 Y a Absalón le nacieron tres hijosa y una hija que se llamaba Tamar; era ella una mujer de hermosa aparienciab.2 Sam. 18:182 Sam. 13:1
28 Absalón residió dos años completos en Jerusalén sin ver el rostro del reya.2 Sam. 14:24 29 Entonces Absalón mandó a buscar a Joab para enviarlo al rey, pero él no quiso venir. Y por segunda vez envió por él, pero no quiso venir. 30 Dijo, pues, a sus siervos: Mirad, el campo1 de Joab está junto al míoa, y allí tiene cebada; id y prendedle fuego. Y los siervos de Absalón prendieron fuego al campo2.Lit., la porciónLit., a la porciónJue. 15:3-5 31 Entonces Joab se levantó, vino a la casa de Absalón y le dijo: ¿Por qué tus siervos han prendido fuego a mi campo1?Lit., porción 32 Y Absalón respondió a Joab: He aquí, envié por ti, diciendo: «Ven acá, para enviarte al rey a decirle: “¿Para qué vine de Gesur? Mejor me hubiera sido estar aún allá”». Ahora pues, vea yo el rostro del rey; y si hay iniquidad en mí, que me dé muertea.1 Sam. 20:8; Prov. 28:13 33 Cuando Joab vino al rey y se lo hizo saber,este llamó a Absalón, yeste vino ante el rey y se postró sobre su rostro en tierra delante del rey. Y el rey besó a Absalóna.Gén. 33:4; Luc. 15:20