Y subiendo Jesús en una barca, pasó al otro lado y llegó a su ciudada.Mat. 4:13; Mar. 5:21 2 aY1 le trajeron un paralítico echado en una camilla; y Jesús, viendo la fe de ellos, dijo al paralíticob: Anímatec, hijo, tus pecados te son perdonadosd.Lit., Y he aquíMat. 9:2-8: <IT>Mar. 2:3-12; Luc. 5:18-26</IT>Mat. 4:24; 9:6Mat. 9:22; 14:27; Mar. 6:50; 10:49; Juan 16:33; Hech. 23:11Mar. 2:5, 9; Luc. 5:20, 23; 7:48 3 Y1 algunos de los escribas decían para sí2: Este blasfemaa.Lit., Y he aquíLit., dentro de síMar. 3:28, 29 4 Y Jesús, conociendo sus pensamientosa, dijo: ¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones?Mat. 12:25; Luc. 6:8; 9:47 5 Porque, ¿qué es más fácil, decir: «Tus pecados te son perdonados», o decir: «Levántate, y andaa»?Mat. 9:2, 6; Mar. 2:5, 9; Luc. 5:20, 23; 7:48 6 Pues para que sepáis que el Hijo del Hombrea tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados (entonces dijo* al paralíticob): Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.Mat. 8:20; Juan 5:27Mat. 4:24; 9:2 7 Y él levantándose, se fue a su casa. 8 Pero cuando las multitudes vieron esto, sintieron temor1, y glorificaron a Diosa, que había dado tal poder2 a los hombres.O, se llenaron de asombroO, autoridadMat. 5:16; 15:31; Mar. 2:12; Luc. 2:20; 5:25, 26; 7:16; 13:13; 17:15; 23:47; Juan 15:8; Hech. 4:21; 11:18; 21:20; 2 Cor. 9:13; Gál. 1:24
9 aCuando Jesús se fue de allí, vio a un hombre llamado Mateob, sentado en la oficina de los tributos, y le dijo*: ¡Síguemec! Y levantándose, le siguió.Mat. 9:9-17: <IT>Mar. 2:14-22; Luc. 5:27-38</IT>Mat. 10:3; Mar. 2:14; 3:18; Luc. 6:15; Hech. 1:13Mat. 8:22
10 Y sucedió que estando Él sentado1 a la mesa en la casa, he aquí, muchos recaudadores de impuestos2 y pecadores llegaron y se sentaron3 a la mesa con Jesús y sus discípulos.Lit., reclinadoO, publicanos; i.e., los que explotaban la recaudación de los impuestos romanosLit., reclinaron 11 Y cuando vieron esto, los fariseos dijeron a sus discípulos: ¿Por qué come vuestro Maestro con los recaudadores de impuestos y pecadoresa?Mat. 11:19; Mar. 2:16; Luc. 5:30; 15:2 12 Al oír Él esto, dijo: Los que están sanos1 no tienen necesidad de médico, sino los que están enfermosa.Lit., fuertesMar. 2:17; Luc. 5:31 13 Mas id, y aprended lo que significaa: «MISERICORDIA1 QUIERO Y NO SACRIFICIOb»; porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadoresc.O, CompasiónMat. 12:7Os. 6:6Mar. 2:17; Luc. 5:32; 1 Tim. 1:15
14 Entonces se le acercaron* los discípulos de Juan, diciendo: ¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamosa, pero tus discípulos no ayunan?Luc. 18:12 15 Y Jesús les dijo: ¿Acaso los acompañantes del novio1 pueden estar de luto mientras el novio está con ellos? Pero vendrán días cuando el novio les será2 quitado, y entonces ayunarán.Lit., hijos del tálamoLit., sea 16 Y nadie pone un remiendo1 de tela nueva2 en un vestido viejo; porque el remiendo3 al encogerse tira del vestido y se produce una rotura peor.Lit., lo que se pone encimaLit., sin encogerLit., lo que llena 17 Y nadie echa vino nuevo en odres1 viejos, porque entonces2 los odres se revientan, el vino se derrama y los odres se pierden; sino que se echa vino nuevo en odres nuevos, y ambos se conservan.I.e., cueros usados como recipientesLit., y si no
18 aMientras les decía estas cosas, he aquí, vino un oficial1 de la sinagoga y se postró delante de Él2b, diciendo: Mi hija acaba de morir; pero ven y pon tu mano sobre ella, y vivirá.O, principalO, le adoróMat. 9:18-26: <IT>Mar. 5:22-43; Luc. 8:41-56</IT>Mat. 8:2 19 Y levantándose Jesús, lo siguió, y también sus discípulos. 20 Y he aquí, una mujer que había estado sufriendo de flujo de sangre por doce años, se le acercó por detrás y tocó el borde de su mantoa;Núm. 15:38; Deut. 22:12; Mat. 14:36; 23:5 21 pues decía para sí: Si tansolo toco su mantoa, sanaré1.Lit., seré salvaMat. 14:36; Mar. 3:10; Luc. 6:19 22 Pero Jesús, volviéndose y viéndola, dijo: Hija, ten ánimoa, tu fe te ha sanado1b. Y al instante2 la mujer quedó sana3.Lit., te ha salvadoLit., desde aquella horaLit., salvaMat. 9:2Mat. 9:29; 15:28; Mar. 5:34; 10:52; Luc. 7:50; 8:48; 17:19; 18:42 23 Cuando entró Jesús en la casa del oficial1, y vio a los flautistasa y al gentío en ruidoso desorden,O, principal2 Crón. 35:25; Jer. 9:17; 16:6; Ezeq. 24:17 24 les dijo: Retiraos, porque la niña1 no ha muertoa, sino que está dormida. Y se burlaban de Él.O, muchachaJuan 11:13; Hech. 20:10 25 Pero cuando habían echado fuera a la gentea, Él entró y la tomó de la mano; y la niña1 se levantó2b.O, muchachaO, fue levantadaHech. 9:40Mar. 9:27 26 Y esta noticia1 se difundió por toda aquella tierraa.Lit., famaMat. 4:24; 9:31; 14:1; Mar. 1:28, 45; Luc. 4:14, 37; 5:15; 7:17
27 Al irse Jesús de allí, dos ciegos le siguieron, gritando y diciendo: ¡Hijo de Davida, ten misericordia de nosotros!Mat. 1:1; 12:23; 15:22; 20:30, 31; 21:9, 15; 22:42; Mar. 10:47, 48; 12:35; Luc. 18:38, 39; 20:41, 42 28 Y después de haber entrado en la casa, se acercaron a Él los ciegos, y Jesús les dijo*: ¿Creéis que puedo hacer esto? Ellos le respondieron*: Sí, Señor. 29 Entonces les tocó los ojos, diciendo: Hágase en vosotros según vuestra fea.Mat. 8:13; 9:22 30 Y se les abrieron los ojos. Y Jesús les advirtió rigurosamentea, diciendo: Mirad que nadie lo sepa.Mat. 8:4 31 Pero ellos, en cuanto salieron, divulgaron su fama por toda aquella tierraa.Mat. 4:24; 9:26; 14:1; Mar. 1:28, 45; Luc. 4:14, 37; 5:15; 7:17
32 Y al salir ellos de allí, he aquí, le trajeron un mudoa endemoniadob.Mat. 12:22, 24Mat. 4:24 33 Y después que el demonio había sido expulsado, el mudo habló; y las multitudes se maravillaban, y decían: Jamás se ha visto1 cosa igual en Israela.Lit., ha aparecidoMar. 2:12 34 Pero los fariseos decían: El echa fuera los demonios por el príncipe de los demoniosa.Mat. 12:24; Mar. 3:22; Luc. 11:15; Juan 7:20, 21
35 Y Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellosa, proclamando el evangelio del reino y sanando toda enfermedad y toda dolenciab.Mat. 4:23Mar. 1:14 36 Y viendo las multitudesa, tuvo compasión de ellas, porque estaban angustiadas y abatidas como ovejas que no tienen pastorb.Mat. 14:14; 15:32; Mar. 6:34; 8:2Núm. 27:17; Ezeq. 34:5; Zac. 10:2; Mar. 6:34 37 Entonces dijo* a sus discípulos: La mies es mucha, pero los obreros pocosa.Luc. 10:2 38 Por tanto, rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su mies.