Y poco1 después, Él comenzó a recorrer las ciudades y aldeas, proclamando y anunciando las buenas nuevas del reino de Diosa; con Él iban los doce,Lit., Y sucedióMat. 4:23 2 y también algunas mujeresa que habían sido sanadas de espíritus malos y de enfermedades: María, llamada Magdalenab, de la que habían salido siete demonios,Mat. 27:55; Mar. 15:40, 41; Luc. 23:49, 55Mat. 27:56; Mar. 16:9 3 y Juana, mujer de Chuza, mayordomoa de Herodesb, y Susana, y muchas otras que de sus bienes personales contribuían al sostenimiento de ellos.Mat. 20:8Mat. 14:1
4 aHabiéndose congregado una gran multitud, y los que de varias ciudades acudían a Él, les habló por parábola:Luc. 8:4-8: <IT>Mat. 13:2-9; Mar. 4:1-9</IT> 5 El sembrador salió a sembrar su semilla; y al sembrarla, una parte cayó junto al camino, y fue pisoteada y las aves del cielo se la comieron. 6 Otra parte cayó sobre la roca, y tan pronto como creció, se secó, porque no tenía humedad. 7 Otra parte cayó en medio de los espinos; y los espinos, al crecer con ella, la ahogaron. 8 Y otra parte cayó en tierra buena, y creció y produjo una cosecha a ciento por uno. Y al hablar estas cosas, Jesús exclamaba: El que tiene oídos para oír, que oigaa.Mat. 11:15; Mar. 7:16; Luc. 14:35; Apoc. 2:7, 11, 17, 29; 3:6, 13, 22; 13:9
9 aSus discípulos le preguntaban qué quería decir esta parábola,Luc. 8:9-15: <IT>Mat. 13:10-23; Mar. 4:10-20</IT> 10 y Él dijo: A vosotros se os ha concedido conocer los misterios del reino de Diosa, pero a los demás les hablo en parábolas, para que VIENDO, NO VEAN; Y OYENDO, NO ENTIENDANb.Mat. 13:11Isa. 6:9; Mat. 13:14; Hech. 28:26 11 La parábola esesta: la semilla es la palabra de Diosa.1 Ped. 1:23 12 Yaquellos a lo largo del camino son los que han oído, pero después viene el diablo y arrebata la palabra de sus corazones, para que no crean y se salven. 13 Yaquellos sobre la roca son los que, cuando oyen, reciben la palabra con gozo; pero1estos no tienen raíz profunda; creen2 por algún tiempo, y en el momento de la tentación sucumben.Lit., yLit., quienes creen 14 Y la semilla que cayó entre los espinos,estos son los que han oído, y al continuar su camino son ahogados por las preocupaciones, las riquezas y los placeres de la vida, y su fruto no madura. 15 Pero la semilla en la tierra buena,estos son los que han oído la palabra con corazón recto y bueno, y la retienen, y dan fruto con su perseverancia.
16 Nadie enciende una lámpara y la cubre con una vasija, o la pone debajo de una cama, sino que la pone sobre un candelero para que los que entren vean la luza.Mat. 5:15; Mar. 4:21; Luc. 11:33 17 Pues no hay nada oculto que no haya de ser manifiesto, ni secreto que no haya de ser conocido y salga a la luza.Mat. 10:26; Mar. 4:22; Luc. 12:2 18 Por tanto, tened cuidado de cómo oís; porque al que tiene, más le será dado; y al que no tiene, aun lo que cree que tiene1 se le quitaráa.O, parece tenerMat. 13:12; 25:29; Luc. 19:26
19 aEntonces su madre y sus hermanos llegaron a donde Él estaba, pero no podían acercarse a Él debido al gentío.Luc. 8:19-21: <IT>Mat. 12:46-50; Mar. 3:31-35</IT> 20 Y le avisaron: Tu madre y tus hermanos están afuera y quieren verte. 21 Pero respondiendo Él, les dijo: Mi madre y mis hermanos son estos que oyen la palabra de Dios y la hacena.Luc. 11:28
22 aY1 uno de aquellos días, entró en una barca con sus discípulos, y les dijo: Pasemos al otro lado del lagob. Y se hicieron a la mar.Lit., Y sucedió queLuc. 8:22-25: <IT>Mat. 8:23-27; Mar. 4:36-41</IT>Luc. 5:1, 2; 8:23 23 Pero mientras ellos navegaban, Él se durmió; y una violenta tempestad1 descendió sobre el lagoa, y comenzaron a anegarse y corrían peligro.Lit., tempestad de vientoLuc. 5:1, 2; 8:22 24 Y llegándose a Él, le despertaron, diciendo: ¡Maestro, Maestroa, que perecemos! Y Él, levantándose, reprendiób al viento y a las olas embravecidas, y cesaron y sobrevino la calma.Luc. 5:5Luc. 4:39 25 Y Él les dijo: ¿Dónde está vuestra fe? Pero ellos estaban atemorizados y asombrados, diciéndose unos a otros: ¿Quién, pues, eseste que aun a los vientos y al agua manda y le obedecen?
26 aNavegaron hacia la tierra de los gadarenos1 que está al lado opuesto de Galilea;Otros mss. dicen: guerasenos, o, guerguesenos, y así en el vers. 37Luc. 8:26-37: <IT>Mat. 8:28-34; Mar. 5:1-17</IT> 27 y cuando Él bajó a tierra, le salió al encuentro un hombre de la ciudad poseído por demonios, y que por mucho tiempo no se había puesto ropa alguna, ni vivía en una casa, sino en los sepulcros. 28 Al ver a Jesús, gritó y cayó delante de Él, y dijo en alta voz: ¿Qué tengo yo que ver contigo1, Jesús, Hijo del Diosa Altísimo? Te ruego que no me atormentesb.Lit., ¿Qué a mí y a tiMat. 8:29Mar. 5:7 29 Porque Él mandaba al espíritu inmundo que saliera del hombre, pues muchas veces1 se había apoderado de él, y2 estaba atado con cadenas y grillos y bajo guardia; a pesar de todo rompía las ataduras y era impelido por el demonio a los desiertos.Algunas versiones traducen: que hacía mucho tiempoO, le había atacado con fuerza, y 30 Entonces Jesús le preguntó: ¿Cómo te llamas? Y él dijo: Legióna; porque muchos demonios habían entrado en él.Mat. 26:53 31 Y le rogaban que no les ordenara irse al abismoa.Rom. 10:7; Apoc. 9:1, 2, 11; 11:7; 17:8; 20:1, 3 32 Y había una piara de muchos cerdos paciendo allí en el monte; y los demonios le rogaron que les permitiera entrar en los cerdos1. Y Él les dio permiso.Lit., a ellos 33 Los demonios salieron del hombre y entraron en los cerdos; y la piara se precipitó por el despeñadero al lagoa, y se ahogaron.Luc. 5:1, 2; 8:22 34 Y cuando los que los cuidaban vieron lo que había sucedido, huyeron y lo contaron en la ciudad y por los campos. 35 Salió entonces la gente a ver qué había sucedido; y vinieron a Jesús, y encontraron al hombre de quien habían salido los demonios, sentado a los pies de Jesúsa, vestido y en su cabal juicio, y se llenaron de temor.Luc. 10:39 36 Y los que lo habían visto, les contaron cómo el que estaba endemoniadoa había sido sanado1.Lit., salvadoMat. 4:24 37 Entonces toda la gente1 de la región alrededor de los gadarenos le pidió a Jesús que se alejara de ellos, porque estaban poseídos de un gran temor. Y Él entrando a una barca, regresó.Lit., multitud 38 aPero el hombre de quien habían salido los demonios le rogaba que le permitiera acompañarle1; mas Él lo despidió, diciendo:Lit., estar con ÉlLuc. 8:38, 39: <IT>Mar. 5:18-20</IT> 39 Vuelve a tu casa, y cuenta cuán grandes cosas1 Dios ha hecho por ti. Y él se fue, proclamando por toda la ciudad cuán grandes cosas2 Jesús había hecho por él.O, todo lo que
40 Cuando Jesús volvió, la multitud le recibió con gozoa, porque todos le habían estado esperando.Mat. 9:1; Mar. 5:21 41 aY he aquí, llegó un hombre llamado Jairo, que era un oficial1 de la sinagogab; y cayendo a los pies de Jesús le rogaba que entrara a su casa;O, principalLuc. 8:41-56: <IT>Mat. 9:18-26; Mar. 5:22-43</IT>Mar. 5:22; Luc. 8:49 42 porque tenía una hija única1, como de doce años, que estaba al borde de la muerte. Pero mientras Él iba, la muchedumbre le apretaba.O, solo una hija
43 Y una mujer que había tenido un flujo de sangre por doce años y que había gastado en médicos todo cuanto tenía1 y no podía ser curada por nadie,Algunos mss. antiguos no incluyen: y que había...cuanto tenía 44 se acercó a Jesús por detrás y tocó el borde de su manto, y al instante cesó el flujo de su sangre. 45 Y Jesús dijo: ¿Quién es el que me ha tocado? Mientras todos lo negaban, Pedro dijo, y los que con él estaban1: Maestroa, las multitudes te aprietan y te oprimen.Algunos mss. antiguos no incluyen: y los...estabanLuc. 5:5 46 Pero Jesús dijo: Alguien me tocó, porque me di cuenta que de mí había salido podera.Luc. 5:17 47 Al ver la mujer que ella no había pasado inadvertida, se acercó temblando, y cayendo delante de Él, declaró en presencia de todo el pueblo la razón por la cual le había tocado, y cómo al instante había sido sanada. 48 Y Él le dijo: Hija, tu fe te ha sanado1a; vete en pazb.Lit., salvadoMat. 9:22Mar. 5:34; Luc. 7:50
49 Mientras estaba todavía hablando, vino* alguien de la casa del oficial de la sinagogaa, diciendo: Tu hija ha muerto; no molestes más al Maestro.Luc. 8:41 50 Pero cuando Jesús lo oyó, le respondió: No temasa; cree solamente, y ella será sanada1.Lit., salvadaMar. 5:36 51 Y cuando Él llegó a la casa, no permitió que nadie entrara con Él sinosolo Pedro, Juan y Jacobo1, y el padre y la madre de la muchacha.O, Santiago 52 Todos la lloraban y se lamentabana; pero Él dijo: No lloréis, porque no ha muerto, sino que duermeb.Mat. 11:17; Luc. 23:27Juan 11:13 53 Y se burlaban de Él, sabiendo que ella había muerto. 54 Pero Él, tomándola de la mano, clamó, diciendo: ¡Niña, levántate! 55 Entonces le volvió su espíritu, y se levantó al instante, y Él mandó que le dieran de comer. 56 Y sus padres estaban asombrados; pero Él les encargó que no dijeran a nadiea lo que había sucedido.Mat. 8:4