Mientras ellos hablaban al pueblo, se les echaron encimaa los sacerdotes, el capitán de la guardia del templob, y los saduceosc,Luc. 20:1; Hech. 6:12Luc. 22:4Mat. 3:7 2 indignados porque enseñaban al pueblo, y anunciaban en1 Jesús la resurrección de entre los muertosa.O, en el caso deHech. 3:15; 17:18 3 Les echaron mano, y los pusieron en la cárcela hasta el día siguiente, pues ya era tarde.Hech. 5:18 4 Pero muchos de los que habían oído el mensaje1 creyeron, llegando el número de los hombres como a cinco mila.O, la palabraHech. 2:41
5 Y sucedió que al día siguiente se reunieron en Jerusalén sus gobernantes, ancianosa y escribas;Luc. 23:13; Hech. 4:8 6 estaban allí el sumo sacerdote Anás, Caifása, Juan y Alejandro, y todos los que eran del linaje de los sumos sacerdotes.Mat. 26:3; Luc. 3:2 7 Y habiéndolos puesto en medio de ellos, les interrogaban: ¿Con qué poder1, o en qué nombre, habéis hecho esto?O, autoridad 8 Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santoa, les dijo: Gobernantes y ancianosb del pueblo1,Algunos mss. agregan: de IsraelHech. 2:4; 13:9Luc. 23:13; Hech. 4:5 9 si se nos está interrogando hoy por causa del beneficio hecho a un hombre enfermo, de qué manera1este ha sido sanado2a,O, por quiénLit., salvadoHech. 3:7, 8 10 sabed todos vosotros, y todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesucristo el Nazarenoa, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de entre los muertosb, por Él1, este hombre se halla aquí sano delante de vosotros.O, esteHech. 2:22; 3:6Hech. 2:24 11 Este Jesúsa es la PIEDRAb DESECHADAc por vosotros LOS CONSTRUCTORES, pero QUE HA VENIDO A SER LA PIEDRA ANGULAR1.Lit., cabeza del ánguloMat. 21:42Sal. 118:22Mar. 9:12 12 Y en ningún otroa hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres, en el cual podamos ser1 salvos.Lit., es necesario que seamosMat. 1:21; Hech. 10:43; 1 Tim. 2:5
13 Al ver la confianzaa de Pedro y de Juanb, y dándose cuenta de que eran hombres sin letras y sin preparaciónc, se maravillaban, y reconocían que ellos habían estado con Jesús.Hech. 4:31Luc. 22:8; Hech. 4:19Juan 7:15 14 Y viendo junto a ellos de pie al hombre que había sido sanado, no tenían nada que decir en contra. 15 Pero habiéndoles ordenado salir fuera del concilio1a, deliberaban entre sí,O, SanedrínMat. 5:22 16 diciendo: ¿Qué haremosa con estos hombres? Porque el hecho de que un milagro1 notable ha sido realizado por medio de ellosb es evidente a todos los que viven en Jerusalén, y no podemos negarlo.O, una señalJuan 11:47Hech. 3:7-10 17 Mas a fin de que no se divulgue más entre el pueblo, amenacémoslos para que no hablen más a hombre alguno en este nombrea.Juan 15:21 18 Cuando los llamaron, les ordenaron no hablar ni enseñar en el nombre de Jesúsa.Hech. 5:28 19 Mas respondiendo Pedro y Juana, les dijeron: Vosotros mismos juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Diosb;Hech. 4:13Hech. 5:29 20 porque nosotros no podemos dejar de decira lo que hemos visto y oído.1 Cor. 9:16 21 Y ellos, después de amenazarlos otra vez, los dejaron ir (no hallando la manera de castigarlos) por causa del puebloa, porque todos glorificaban a Diosb por lo que había acontecido;Hech. 5:26Mat. 9:8 22 porque el hombre en quien se había realizado este milagro1 de sanidad tenía más de cuarenta años.O, esta señal
23 Cuando quedaron en libertad, fueron a los suyos y les contaron todo lo que los principales sacerdotes y los ancianos les habían dicho. 24 Al oír ellos esto, unánimes alzaron la voz a Dios y dijeron: Oh, Señor1, tú eres el que HICISTE EL CIELO Y LA TIERRA, EL MAR Y TODO LO QUE EN ELLOS HAYa,O, DueñoÉx. 20:11; Neh. 9:6; Sal. 146:6 25 el que por el Espíritu Santo, por boca de nuestro padre Davida, tu siervo, dijiste:b¿POR QUÉ SE ENFURECIERON LOS GENTILES1,Y LOS PUEBLOS TRAMARON COSAS VANAS?O, las nacionesHech. 1:16Sal. 2:1
27 Porque en verdad, en esta ciudad se unieron tanto Herodesa como Poncio Pilatob, juntamente con los gentiles1c y los pueblos de Israel, contra tu santo siervo2 Jesúsd, a quien tú ungiste,O, las nacionesO, HijoMat. 27:2; Luc. 23:7-12Mat. 20:19Hech. 3:13; 4:30Mat. 14:1; Mar. 15:1; Luc. 23:1; Juan 18:28, 29 28 para hacer cuanto tu mano y tu propósito habían predestinado que sucedieraa.Hech. 2:23 29 Y ahora1, Señor, considera sus amenazas, y permite que tus siervos hablen tu palabra con toda confianzaa,O, en cuanto lo que sucede ahoraHech. 4:13, 31; 14:3; Fil. 1:14 30 mientras extiendes tu mano para que se hagan curaciones, señales1 y prodigiosa mediante el nombre de tu santo siervo2 Jesúsb.O, milagrosO, HijoJuan 4:48Hech. 3:13; 4:27 31 Después que oraron, el lugar donde estaban reunidosa tembló, y todos fueron llenos del Espíritu Santob y hablaban la palabra de Dios con valorc.Hech. 2:1Hech. 2:4Hech. 4:13; 14:3; Fil. 1:14
32 La congregación1 de los que creyeron era de un corazón y un alma; y ninguno decía ser suyo lo que poseía, sino que todas las cosas eran de propiedad comúna.O, multitudHech. 2:44 33 Con gran poder los apóstoles daban testimonioa de la resurrección del Señor Jesús1b, y abundante gracia había sobre todos ellos.Algunos mss. antiguos agregan: CristoHech. 1:8Luc. 24:48 34 No había, pues, ningún necesitado entre ellos, porque todos los que poseían tierras o casasa las vendían, traían el precio de lo vendido,Mat. 19:21; Hech. 2:45 35 y lo depositaban a los pies de los apóstolesa, y se distribuía a cada uno según su necesidadb.Hech. 4:37; 5:2Hech. 2:45; 6:1
36 Y José, un levita natural de Chiprea, a quien también los apóstoles llamaban Bernabéb (que traducido significa hijo de consolación1c),O, exhortación, o, estímuloHech. 11:19, 20; 13:4; 15:39; 21:3, 16; 27:4Hech. 9:27; 11:22, 30; 12:25; 13:1, 2, 7; 1 Cor. 9:6; Gál. 2:1, 9, 13; Col. 4:10Hech. 2:40; 11:23; 13:15; 1 Cor. 14:3; 1 Tes. 2:3 37 poseía un campo y lo vendió, y trajo el dinero y lo depositó a los pies de los apóstolesa.Hech. 4:35; 5:2